Publicado por Viv Dehaes on 25-01-2007

Una mirada a los libros a través de sus palabras

Hoy quiero poner en práctica una teoría: un libro puede captar la atención de un posible lector a través de la lectura al azar de un conjunto de párrafos, de manera de quedar prendado de su contenido y no pueda hacer más que sumergirse en su lectura. El ejercicio seguramente fue hecho millones de veces, en una librería, tomar un libro y abrirlo al azar para comprobar si nos interesa lo que leemos.

Para poner la teoría en práctica, voy a recomendar una serie de libros que he leído durante el 2006 y me parecieron maravillosos tales por las ideas que exponen, como por el hilo narrativo. Como he seleccionado cerca de 20 libros a tal fin, voy a organizar este experimento en varias entregas ordenándolos según el año de publicación. Pero en vez de abrir el libro al azar, yo proporcionaré los párrafos. La idea es muy simple: les dejo un retazo del libro que, a mi parecer, define su escencia para que su lectura los atrape como pasó conmigo.

2003 — Audrey Niffenegger — LA MUJER DEL VIAJERO EN EL TIEMPO

Tapa del libro La mujer del viajero en el tiempo
Al comenzar el libro Clare tiene 20 y Henry 28 años, él acaba de conocerla en la biblioteca donde trabaja pero ella lo conoce desde hace mucho tiempo cuando ella era una niña y él rondaba los 40, esto es posible porque Henry sufre de una rara afección: cronodesplazamiento que lo lleva a viajar súbitamente y en cualquier momento al pasado o al futuro sin previo aviso, dejando su ropa inanimada en el lugar donde se encontraba hacía solo segundos.

Henry no puede controlar cuando sucederá o cuanto durará y tampoco hacia donde viajará a través del tiempo, con el transcurrir de los años ha descubierto muy poco de su cronoafección, piensa que las situaciones de estress pueden ser un detonante y que puede existir alguna relación con su inconsciente ya que suele viajar a lugares conocidos, situaciones pasadas o que tienen que ver con personas que él conoce.

Sus problemas, apartes de los que acosan a los simples mortales, tienen que ver con tratar de no desaparecer en la primera visita a la casa de los padres de Clare o más terrible el día de su boda. Esta novela puede etiquetarse sin lugar a dudas de “bellísima historia de amor”, particularmente me hizo reir, emocionar, entristecer, suspirar, pero lo más importante es la sorpresa: es un libro que no dejó de sorprenderme hasta el último párrafo.

Clare ya está sentada en el reservado y parece aliviada cuando me ve. Me saluda con la mano, como si estuviera en un desfile.

—Hola —le digo.

Clare lleva un vestido de terciopelo color vino y unas perlas. Parece un Botticelli al estilo de John Graham: enormes ojos grises, nariz larga y boquita delicada de geisha. Tiene el pelo rojizo y largo, le baja por los hombros y le llega hasta media espalda. Clare es tan pálida que parece una figura de cera a la luz de las velas.

—Son para ti —le digo dándole las rosas.

—Gracias —responde Clare, complacida de un modo absurdo. Me mira y advierte que me siento confuso por su reacción—. Nunca me habías regalado flores.

Me deslizo en el reservado, y me siento frente a ella. Estoy fascinado. Esta mujer me conoce, a mí; y no en calidad de conocida ocasional de mis futuras hégiras. La camarera aparece y nos entrega las cartas.

—Cuéntame —le exigo.

—¿El qué?

—Todo. Quiero decir, ¿comprendes por qué no te conozco? Siento muchísimo lo de antes…

—Oh, no. No deberías lamentarlo. Me refiero a que sé… Ya conozco las razones. —Clare baja el tono de voz—. Es porque para ti nada de esto ha sucedido todavía, pero para mí, bueno…, yo hace mucho tiempo que te conozco.

—¿Cuánto?

—Unos catorce años. La primera vez que te vi yo tenía seis años.

2002 — Richard Morgan — CARBONO ALTERADO

Tapa del libro Carbono alteradoLa trama podría ser simple: Takeshi Kovacs es contratado como detective privado para investigar si un magnate se suicidó o fue asesinado, pero si vamos a contextualizar esta novela negra, deberemos decir que: 1. esto sucede en el siglo XXV, 2. quien lo contrató para este trabajo fue el mismo millonario que, gracias a la tecnología de esa época, almacena su conciencia en un soporte digital y hace back ups de su vida cada 48 horas y 3. Kovacs fue sacado de su almacenaje y enfundado en un nuevo cuerpo (el suyo reposa en otro planeta a muchos años luz de distancia) para poder realizar este trabajo.

El hecho de una conciencia digitalizada y transportable cambia muchos de los esquemas de esta sociedad, los cuerpos pasan a ser descartables, es decir, meras fundas que pueden ser adquiridos por millonarios que tienen la posibilidad de perpetuarse en el tiempo, la muerte ya no es un problema, ya que una vez inutilizada la funda se puede acceder a otra si se cuenta con el dinero necesario. Hasta el sistema carcelario cambia, en vez de enviar el cuerpo a prisión, almacenan la conciencia y a menos que se tenga una persona que pague por el almacenamiento de tu cuerpo, éste pasa al mercado donde será adquirido para ser utilizado por otras personas. Y en el medio de esta trama aparecen los católicos, una secta que se opone al reenfundamiento de la conciencia por considerarlo opuesto al mandato de Dios.

Este mundo futuro que nos presenta Richard Morgan está plagado de los ingredientes necesarios para ser considerada una novela cyberpunk: implantes y drogas que amplifican las capacidades físicas y cognitivas, virus cibernéticos, la más sofisticada bioingeniería, realidad virtual y todos los conflictos existenciales que generan el abuso de estas tecnologías.


—Adelante, Kovacs, dígalo. Todo el mundo lo ha dicho. O yo me he suicidado, o mi mujer me ha asesinado. No hay otra expli­cación razonable. He estado oyendo eso desde que salí del tanque, en Alcatraz.

Escruté la habitación con la mirada hasta que me encontré con la de él.

—Bueno, debe admitir que eso facilita el trabajo de la policía —dije—. Así de sencillo…

Bancroft gruñó, pero con humor. Aunque me costara admitir­lo, el hombre empezaba a gustarme. Subí de nuevo a la terraza y me apoyé en la baranda. Una figura vestida de negro rondaba por el jardín, con un arma en bandolera. A lo lejos, el cerco de seguri­dad brillaba. Me quedé mirándolo un instante.

—Es difícil de creer que alguien lograra entrar aquí pese al sis­tema de seguridad, abriera el cofre al que sólo usted y su mujer tie­nen acceso y consiguiera asesinarlo como si nada. Usted es una persona inteligente, debe de tener sus razones…

—Por supuesto, muchas razones.

— Razones que la policía ha decidido ignorar.

—Exacto.

Me volví hacia él.

—Muy bien. ¿Y cuáles son?

—Está viéndolas, Kovacs —dijo Bancroft—. Aquí me tiene. Estoy de vuelta. No pueden matarme destruyendo mi pila cortical.

—Usted tiene un almacenaje a distancia, es evidente, si no, no es­taría aquí. ¿Cada cuánto hacen una copia de seguridad?

Bancroft sonrió.

—Cada cuarenta y ocho horas. —Se golpeó la nuca—. Recarga directa, de aquí a una pila protegida en las instalaciones de PsychaSec en Alcatraz. Ni siquiera tengo que preocuparme por eso.

—Y ellos conservan sus clones congelados.

— Sí. Múltiples unidades.

La inmortalidad asegurada. Me quedé pensando un momen­to, preguntándome cómo sería, y si me gustaría.

1997 — Connie Willis — OVEJA MANSA

Tapa del libro Oveja mansaEn las inmensas instalaciones de la corporación Hitek encontramos a una investigadora social que prentende encontrar el origen de las modas y un investigador de la teoría del caos que pretende estudiar la difusión de la información experimentando con monos. Ambos, fortuitamente, se encuentran y deciden aunar esfuerzos para lograr sus objetivos, esto los llevará a sumergirse en un caos muy particular con personajes singulares que incluye hasta un rebaño de ovejas.

Esta es la base que utiliza Connie Willis para mostrarnos una sociedad que consume y anhela modas y de la misma manera las desecha y repudia cuando se vislumbra una nueva. Estos comportamientos se plasman en sus personajes, su cultura, sus empresas, y para que no creamos que es ficción nos lista algunas que calaron hondo: los círculos de calidad, el mesmerismo, el pelo planchado, las cadenas de cartas, el cubo de rubik, los tamagochis, entre otras.

Finalmente el título viene dado por el animal que guía el rebaño, justamente la oveja mansa fija las pautas de comportamiento, inicia modas de manera inconsciente, y llevando a las demás del rebaño hacia esa moda.


—Se usa para los experimentos con animales grandes —informó el doctor O’Reilly—. Esperaba tener los monos en julio para que pudieran estar aquí fuera, pero el papeleo ha tardado más de lo previsto.

—¿Monos?

—El proyecto consiste en estudiar las pautas de difusión de información en un grupo de macacos. Se le enseña una nueva habilidad a uno de los macacos y luego se estudia su difusión en el grupo. Estoy trabajando en el promedio de habilidades útiles contra las inútiles. Enseño a uno de los macacos una habilidad de escaso valor práctico que exija poca destreza y plantee múltiples niveles de dificultad…

—Como el hula—hoop —dije yo.

Él soltó la caja ante la puerta y se incorporó.

—¿El hula—hoop?

—El hula—hoop, el minigolf, el twist. Todas las modas requieren poca habilidad. Por eso el ajedrez nunca se convierte en una. Ni la esgrima.

Él se subió las gafas de culo de botella.

—Estoy trabajando en un proyecto sobre las modas. Qué las causa y de dónde vienen —dije.

—¿De dónde vienen?

—No tengo ni idea. Y si no vuelvo al trabajo, no lo sabré nunca. —Le tendí de nuevo la mano—. Encantada de conocerle, doctor O’Reilly.

Regresé por entre el laberinto. Él me siguió, diciendo pensativo:

—Nunca se me habría ocurrido enseñarles a bailar el hula—hoop.

1994 — James Morrow — REMOLCANDO A JEHOVÁ

Tapa del libro Remolcando a JehovaLa premisa de este libro es muy buena: la muerte de Dios que no le conviene a a mucha gente, ya que pone en duda siglos de teoría religiosa, además de contradecir la raíz del agnosticismo. A través de este suceso descubrimos que tenía un cuerpo gigante y para confirmar las versiones bíblicas: masculino, haciendo tambalear los conceptos del feminismo.

A raíz de este incidente los ángeles empiezan a morir y el vaticano decide esconder el muerto que flota frente a las costas africanas descomponiéndose, para esta tarea eligen a un capitán de petrolero caído en desgracia luego de un desastre ecológico para que remolque el cadáver divino hacia el ártico donde se conservará entre los hielos. El viaje resulta ser accidentado, Dios es carcomido por tiburones y llorado por los delfines, atacado por bombarderos y encallado en una isla que emerge del mar, presumiblemente la Atlántida, pero Morrow dobla la apuesta cuando luego de agotar sus reservas de comida, los tripulantes del barco en un acto profano empiezan a comerse a Dios.

Si bien el libro tiene sus altibajos, merece ser leído sólo por el hecho de haber planteado la idea de qué pasará con la humanidad luego de la muerte de Dios.

—El cuerpo de Dios…

—Exactamente —dijo Rafael.

—Supongo que es grande.

—Tres kilómetros de proa a popa.

—¿Boca arriba?

—Sí. Está sonriendo, por extraño que parezca. Sospechamos que es el rigor mortis o quizá eligió asumir esa expresión antes de fallecer.

El capitán se quedó mirando fijamente el retablo, observando la leche de la vida que manaba del pecho derecho de la Virgen. ¿Tres kilómetros? ¿Tres condenados kilómetros?

—Entonces, supongo que saldrá en el Times de mañana, ¿eh?

—Es poco probable. El cuerpo es demasiado denso para llamar la atención de los satélites meteorológicos y produce tanto calor que con un radar de largo alcance se detecta sólo como una zona de niebla de aspecto extraño —mientras el ángel guiaba a Anthony hacia el vestíbulo, le empezaron a caer las lágrimas otra vez—. No podemos dejar que se pudra. No le podemos dejar a merced de los depredadores y de los gusanos.

—Dios no tiene cuerpo. Dios no se muere.

—Dios tiene cuerpo y, por razones que nos son del todo extrañas, el cuerpo ha expirado —las lágrimas de Rafael no dejaban de llegar, como si estuvieran conectadas a una fuente tan fecunda como el Oleoducto TransTexas—. Llévale al norte. Deja que el Ártico le congele. Entierra sus restos. —Agarró un folleto del mostrador que promocionaba el Museo Metropolitano de Arte, con La leyenda de la Vera Cruz, de Piero della Francesca estampada en la portada—. Hay un iceberg gigante por encima de Svalbard sujeto de forma permanente a las costas altas de Kvitoya. Nadie va allá. Lo hemos vaciado: boca, pasillo, cripta. Sólo tienes que remolcarle al interior. —El ángel se arrancó una pluma del ala izquierda, se la llevó con cuidado hacia el ojo y mojó la punta con una lágrima plateada. Le dio la vuelta al folleto y empezó a escribir en el dorso en agua salada luminosa: “Latitud: ochenta grados, seis minutos, norte. Longitud: treinta y cuatro grados…”

1992 — Neal Stephenson — SNOW CRASH

Tapa del libro Snow crashEn el futuro los Estados Unidos se convierten en una cuadrícula de franquicias manejadas por corporaciones que imponen las leyes para el resto de los mortales. en este mundo sobrevive Hiro Protagonist, un hacker que trafica con información al mejor postor y en sus tiempos libres es un samurai del metaverso.

El metaverso es la versión de Stephenson del ciberespacio de Gibson, y es lo que tratan de concretar en Second Life, un lugar / espacio / ámbito de realidad virtual al que se ingresa por medio de consolas y en donde se puede interactuar con otras personas / robots / software, la reperentación en este universo se concreta a través de los avatares y existen una serie de reglas para moverse e intercambiar información mientras se está conectado.

La trama cuenta cóm Hiro, luego de perder su empleo como repartidor de pizzas para una franquicia de la mafia, se interesa por una enermedad que aqueja a uno de sus amigos, el cual se encuentra enfermo en el mundo real a causa de un virus que lo afectó en el metaverso, a través de un antiguo lenguaje sumerio programaron su mente, de allí en más se desatará una carrera contra el tiempo de los distintos bandos que quieren adueñarse de ese lenguaje.

Al acercarse a la Calle, Hiro ve salir a dos parejas de jóvenes de Puerto Cero, el puerto local de entrada y parada del Monorraíl; es probable que estén usando los ordenadores de sus padres para una doble cita en el Metaverso.

No está viendo gente de verdad, claro. Todo es parte de la imagen en movimiento dibujada por su ordenador según las especificaciones que le llegan por el cable de fibra óptica. Las personas son piezas de software llamadas avalares. Son los cuerpos

audiovisuales que usa la gente para comunicarse en el Metaverso. El avatar de Hiro está también en la calle, y si las parejas que salen del Monorraíl miran en su dirección pueden verlo igual que Hiro los ve a ellos. Podrían conversar, Hiro en el Guarda—Trastos de Los Angeles y los cuatro adolescentes quizá en algún sofá de algún barrio de Chicago, cada uno con su portátil. Pero no es probable que entablen conversación, no más de lo que lo harían en la Realidad. Son buenos chicos, y no querrán hablar con un mestizo solitario con un elegante avatar a la medida y un par de espadas.

Tu avatar puede tener el aspecto que desees, según las limitaciones de tu equipo. Si eres feo, puedes hacer que tu avatar sea atractivo. Aunque acabes de salir de la cama, tu avatar puede lucir ropas hermosas y un maquillaje profesional. En el Metaverso puedes ser un gorila o un dragón o un enorme pene parlante. Si recorres el Metaverso durante cinco minutos verás ejemplos de todas esas cosas.

El avatar de Hiro tiene la misma apariencia que Hiro, con la excepción de que, lleve lo que lleve Hiro en la Realidad, su avatar siempre viste un kimono de cuero negro. A la mayoría de hackers no les van los avalares llamativos, porque saben que hace falta
mucha más sofísticación para mostrar un rostro humano realista que un pene parlante.

Más o menos como la gente que realmente entiende de moda y puede apreciar los pequeños detalles que diferencian un traje de lana gris barato de un traje de lana gris caro y hecho a medida.

Continuará…

Hasta la próxima.

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    3 Comentarios

  1. [...] En la primera parte de este artículo, la idea era recomendar libros que leí durante el 2006 y que provocaron a través de su lectura una gran satisfacción en mí. Decidí armar la estructura en función del año de publicación, entonces la primera entrega contempló cinco libros publicados entre 1992 y 2003. Cuando retomé la segunda entrega me di cuenta que la mayoría formaban parte de alguna saga (serie de libros que desarrollan una trama) entonces aprovechando el descubrimiento dedicaré este capítulo a libros que forman parte de una trama mayor. [...]

  2. [...] Finalmente aparece la tercera y última entrega de “Una mirada a los libros…”, si bien ha pasado mucho tiempo y la magnitud de la propuesta se ha ido acortando por razones diversas, no quería dejar esta serie sin terminar, por la calidad de los libros que estaban quedando en el tintero, por la obligación moral que significaba el haber comenzado con la primera parte de estas entregas allá por enero de este año. [...]

  3. [...] Justamente la inclusión de una dimensión más en el juego es uno de los mayores potenciales de cambio de esta nueva propuesta, y es por ello que muchos nos preguntamos si el día de mañana esta disociación que existe entre la web y los mundos virtuales tal como la conocemos hoy podrá mantenerse indemne sin que los usuarios tiren abajo sus muros. Según Gartner Research, para el año 2011, 80% de la población en línea estará involucrada en mundos virtuales (no relacionados con juegos).  Lo cual significa un vuelco de gran parte de la población de internet hacia ambientes inmersivos que contendrán todas las facilidades de la web, las redes y entornos colaborativos y mucho más poco más si lo pensamos como Neal Stephenson lo relató en  SnowCrash. [...]