Arthur Clarke en su libro Voces de un mundo distante escribía: "la raza humana se dividió en dos especies: los verbales y los digitales" y creo que cada vez estamos más cerca de ese momento. Los autores de ciencia ficción nos deleitan con historias sorprendentes y novedosos usos de la tecnología, así escritores de la talla de Samuel Delany o William Gibson más que mejorar las interfases que utiliza el hombre, mejoraron al hombre insertándole parte de las interfases.

La ciencia ficción es uno de los alimentos que nutre nuestro presente en su inexorable tránsito hacia el futuro, por ello, es muy probable la lectura de este género nos acerca a lo que encontraremos volando por ahí en años posteriores. Por ejemplo, Arthur Clarke puso en la mente de sus lectores los satélites de telecomunicaciones años antes de que se empezaran a utilizar, también el uso de naves espaciales reutilizables, el efecto 2000 y los teléfonos celulares. Pero es más conocido por haber escrito 2001 Odisea del espacio que luego sería llevada al cine por Stanley Kubrick.

Confieso que lo que me moviliza a escribir es ver la unión de dos de mis grandes pasiones: la literatura de ciencia ficción y las interfases, cuando leo un libro y el autor llega a asombrarme con su visión imagino el día en que esa interfaz se haga realidad.

Tapa del libro Neuromante de William GibsonPara Miquel Barceló, físico y escritor catalán, la ciencia-ficción "es el mejor entrenamiento para lo que se nos viene encima, un ejercicio estupendo para vivir el futuro". William Gibson, quizás uno de los autores de ciencia ficción más tecnificados, en su trilogía del ciberespacio, complementa sus personajes con bioimplantes electrónicos, hechos en clínicas clandestinas que mejoran sus acciones, y los conectan directamente a la matriz (conocido ¿no?). El padre del cyberpunk imaginó un futuro oscuro con ciudades abarrotadas donde los "cowboys del ciberespacio" (algo parecido a los hackers) trafican con un producto muy valioso: los datos, los cuales son vigilados de cerca por emocionales IA, las calles dominadas por la mafia japonesa (los Osaka) y un gobierno tecnológico ejercido por las grandes corporaciones. Cuenta una anécdota que cuando se estrenó Blade Runner, basada en un libro del genial Phillip Dick, Gibson fue al estreno y salió aterrorizado del cine pensando en que alguien se le había adelantado. Ahora si bien los ambientes eran parecidos, era imposible la comparación a nivel tecnológico en el que nos introduce Gibson con sus conceptos del ciberespacio y la matriz.

Gibson replantea el futuro, nos presenta interfases neuronales, alteraciones de la genética y personajes que más allá de ser extraños, rompen con ciertos pensamientos de estos tiempos, ojeando sus libros nos encontramos con mujeres guardaespaldas con implantes para aumentar su fuerza y destreza, los cánones estéticos se amplían para incorporar toda clase de implantes, un delfín genio adicto atado a una computadora, Tribus de personas que huyen de la tecnología (los LoTek).

Tapa del libro Nova de SAmuel DelanyEn Nova, Samuel Delany nos trae la historia del capitán Lorq Von Ray, quien en el siglo XXXI, va detrás de una nova para extraer de ella un metal preciado y escaso el ilirión, su tripulación, así como todos a quellos insertos en esta nueva sociedad llevan acoples debajo de la piel de los brazos para conectarse a las máquinas y maniobrarlas mediante impulsos sensoriales, desde el que trabaja recogiendo la basura hasta el que comanda una nave espacial, aquellos que no llevan implantes viven al margen de estas sociedad altamente tecnificada. El planteo de Delany es interesante ya que los acoples son una interfaz de doble vía, ya que no sólo transmiten las órdenes a las máquinas, sino que también transmiten a la persona impresiones sensoriales que se transforman en información para la toma de decisiones.

Como diría Jakob Nielsen la literatura de ciencia ficción es "una buena manera de exhibir las interfases más allá de las convenciones actuales". Sin ir más lejos quizás el día de mañana podamos contemplar los confesionarios automáticos, en los cuales los fieles ingresaban su código de identificación y digitaban los pecados cometidos a la espera de que el aparato les devolviera la penitencia a cumplir como nos lo describe Roger Zelazny en El señor de la luz.

La paja en el ojo de dios, de Larry Niven y Jerry Pournelle, describe un futuro con viajes interplanetarios y una nueva civilización alienígena (los pajeños) en la cual co-existe un sistema de castas de complicada fisiología dotados de herramientas que les permiten realizar el trabajo que les toca dentro de la escala social. Así encontramos desde castas de guerreros que tienen incorporadas púas mortales en sus brazos, hasta obreros co n más de dosbrazos que se dedican a arreglar las cosas y cada subespecie tenía la interfaz necesaria integrada a su cuerpo.

Tapa del libro Limbo de Bernard WolfeLa literatura de ciencia ficción, y sobre todo aquella que toca el tema del contacto extraterrestre pone en evidencia la necesidad de las interfases, ante una cultura y una anatomía muy distinta a la del ser humano se necesitan interfaces que ayuden en temas que van desde el lenguaje hasta las maquinarias que cada una utiliza.

Limbo de Bernard Wolfe, muestra un mundo luego de la 3ra guerra mundial en el cual el hombre se amputa de forma voluntaria brazos y piernas, sustituyéndolos por prótesis cibernéticas creyendo, de este modo, poder terminar con la agresividad propia del ser humano. Las prótesis son mucho mejores que los miembros y según esta nueva sociedad ayudan a desarrollar la humanidad de las personas.

Y así podría seguir nombrando libros: La saga de Cita con Rama de Arthur Clarke, Historia del Futuro de Robert Heinlein, Destino el vacío de Frank Herbert, La guerra de los mercaderes de Frederick Pohl

Esto es solo un poco de lo que podemos encontrar leyendo a aquellos que crean mundos fantásticos en el universo de la ciencia ficción, y les recomiendo que se sumerjan, en los conceptos que exponen de cómo serán las interfaces en ese futuro planteado, algunos planteos son placenteros, otros inspiradores, algunos te dejarán desorientado preguntándote la forma de llegar a ellos con lo que tenemos hoy.

Hasta la próxima.

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