Publicado por Viv Dehaes on 15-12-2006
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Cómo seria?

Hace mucho tiempo que leí Bill, héroe galáctico de Harry Harrison, pero este fragmento me quedó grabado en la memoria asociado a la pregunta: ¿Cómo sería esta parte si el libro fuese adaptado al cine?

86.672.890 reclutas habían sido ya embarcados para el espacio desde el Campo León Trotsky, así que el proceso era automático y funcionaba perfectamente, aunque esta vez se estaba devorando a sí mismo, como una serpiente que se traga su propia cola.

Bill y sus compañeros fueron el último grupo de reclutas enviado, y la serpiente comenzó a digerirse a sí misma justo tras ellos. Apenas se les hubo arrebatado su naciente barba y los hubieron despiojado en el despiojador ultrasónico, los barberos se lanzaron unos contra otros y en un amasijo de brazos, rizos de pelo, trozos de bigote, pedazos de carne y gotas de sangre, se afeitaron y cortaron el pelo unos a otros, y luego arrastraron al operador tras ellos en la cámara ultrasónica. Los enfermeros se inocularon a sí mismos inyecciones contra la fiebre de los cohetes y los constipados espaciales, los oficinistas se hicieron a sí mismos libretas de paga y los cargadores se empujaron a patadas unos a otros por las rampas que subían hasta los transbordadores.

Los cohetes ardían, dejando columnas de fuego como lenguas escarlatas que lamieran las torres de lanzamiento, quemando las rampas en un bello espectáculo pirotécnico ya que los operadores de las rampas también estaban a bordo.

Las naves rugieron y produjeron ecos en el cielo de la noche, dejando al Campo León Trotsky convertido en una silenciosa ciudad fantasma en la que pedazos de órdenes del día y listas de castigo se agitaban y volaban desde los tablones de anuncios, bailando a través de las abandonadas calles para chocar finalmente contra las ruidosas y encendidas ventanas del Club de Oficiales, en el que se estaba desarrollando una fenomenal borrachera, aunque hubiera muchas quejas puesto que los oficiales tenían que servirse a sí mismos.

Arriba y arriba subieron los transbordadores, hacia la gran flota de naves del espacio profundo que oscurecía las estrellas de encima, una nueva flota, la más poderosa que la galaxia hubiera visto jamás, de hecho tan nueva que las naves estaban aún siendo construidas. Los sopletes brillaban en cegadores puntos de luz, mientras los ribetes al rojo describían sus trayectorias planas por el espacio hasta los cestos que los esperaban.

Los puntos de luz morían a medida que los monstruos de los mares espaciales eran completados, y se oían apagados chillidos en la longitud de onda de las radios de los trajes espaciales cuando los obreros, en lugar de ser devueltos a los astilleros, eran forzosamente reclutados al servicio de la nave que acababan de construir.

“Bill, héroe galáctico, 1965 de
Harry Harrison”

Este libro es una sátira antibelicista, muchos opinan que parodia las novelas de Heinlein, especialmente Tropas del espacio ya que, con humor en muchos casos hilarantes, Harrison se permite desarticular la seriedad del honor militar, las espectaculares guerras intergalácticas, la brecha civil-militar y toda la jerga que encontramos en la literatura de ciencia ficción bélica de las décadas del 30 y 40.

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